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Una familia enraizada a la labor del campo

A finales del siglo XIX, Diego Baquero Gómez deja las explotaciones familiares para comercializar los cochinos gordos con fabricantes de la Sierra de Huelva. Desde entonces, cada generación de nuestra familia se ha impregnado de su espíritu emprendedor.

Esta es nuestra historia

1872. Nace Diego Baquero Gómez, natural de Calañas. Hijo de ganadero y criador de cerdos ibéricos. Transformó las explotaciones familiares para comercializar los cochinos gordos con fabricantes del entorno de la sierra de Huelva, entre ellos un tal Sánchez Romero y Carvajal.

1909. Nace Cristóbal Baquero Romero, natural de Calañas. Hijo de ganadero y criador de cerdos ibéricos. Amplió las dehesas propias de la familia, llegando a engordar más de 1000 cochinos de bellota.

1941. Nace Diego Baquero Marianas, natural de Calañas. Hijo de ganadero y criador de cerdos ibéricos. Debido a su profesión como tratante de ganado, relacionó a la familia Baquero con diferentes fabricantes y ganaderos fuera de la provincia de Huelva. Profesión por la que todavía siente pasión y que grabó en su memoria cientos de anécdotas que aún relata.

1978. Nace Eloy Baquero Delcán, natural de Calañas. Hijo, nieto y biznieto de ganaderos. Motivado por la tradición ganadera de la familia Baquero, crea Sombrero Calañés. Su meta es conseguir que la siguiente generación respete sus raíces y se apasionen con el producto estrella de la casa, el jamón ibérico puro de bellota.

Al hablar del pueblo de Calañas se alza un protagonista: El Sombero Calañés.

Los mozos del campo usaban este singular complemento, icono andaluz con más de dos siglos de historia. Protegía sus cabezas mientras realizaban las labores del campo, como varear las encinas en las montañas calañesas.

Gracias a esto, el sombrero calañés ha sido testigo mudo de las aventuras de los bandoleros que hacían la ruta entre Portugal y el Andévalo onubense.

Nuestra marca es un homenaje a este icono que nació en Calañas, nuestro pueblo, y pervive en versos, canciones, pinturas, coplas y fandangos.

Hombre con un sombrero calañés
Sirvan para seguir hablando del sombrero...

...algunos versos del poema escrito por Don Telesforo

Yo nunca estuve en Calañas / pero sé que hay un sombrero / lo llevaron por tocado / muchos nobles caballeros / y esas damas muy hermosas / en las fiestas del romero.

Lo llevó Curro Jiménez / sobre una potra lucera / que sin herrarla siquiera / buscando paz y justicia / recorrió la España entera.

Contemplando las estrellas / comentaban los cabreros / ¿ese astro con anillos, no se parece un sombrero? / tienes razón compañero / si la vista no te engaña / tiene toitas las pintas del sombrero de Calañas.

Divina estampa señores el sombrero calañés / tiene una línea tan bella / que lo llevan las botellas de los vinos de Jerez.

Donde hay mantones bordaos y la guitarra de España / aparece en una silla o en manos de una chiquilla / el sombrero de Calañas…

¿Sabías que...?

Federico, uno de nuestros porqueros, sabía cuándo los cochinos habían comido un determinado tipo de hierba por la suavidad y el brillo de su pelo.

Los cerdos, en nuestra dehesa, solían bucear hasta el lecho de la ribera para alimentarse de un tipo de almejón que allí se daba a principios del siglo XX.

Durante los años 40 la labor del porquero era de vital importancia, ya que las parcelas carecían de vallado. Su orgullo era presumir de piara, acostumbrarlos a la voz de su llamada y acertar bajo la romana las libras y arrobas que pesaban.

Los días de la matanza eran muy esperados en el pueblo. Las chacineras cantaban canciones populares no escritas y los niños eran los encargados de vigilar que los perros no se acercasen a los cerdos una vez sacrificados.

Los nacimientos de los lechones se hacían en libertad y, cuando volvían acompañados por su madre, eran resguardados en zahúrdas para protegerlos de los depredadores.

Bartolo, uno de nuestros porqueros, sabía imitar el chasquido de las cáscaras de los almejones de los que se alimentaban los cerdos.

La alimentación de los cerdos ibéricos puros se basaba en altramuces endulzados, zomillos y almejones.