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Pinceladas de calañesía

“Nací en un pueblo serrano, por el Odiel arrullado…”

Así comienza el Pasodoble de Calañas, cantado hace más de un siglo en nuestra tierra. Los primeros habitantes aprovecharon el privilegiado clima en las laderas de Sierra Morena.

Calañas está arraigada a la tierra, pero ha sufrido el éxodo rural y la emigración de su población hacia las grandes urbes en busca del bienestar.

Sin embargo, las familias calañesas mantienen los valores que siguen dando vida al municipio: valentía, sacrificio, esfuerzo y tesón.

La familia Baquero tiene estos principios grabados a fuego. Después de superar tiempos difíciles, hemos sellado un compromiso con nuestra tierra: mantener la pasión por lo ibérico.

Los senderos que rodean a Calañas quizás no rezumen la épica de antaño, pero recorrerlos permite obtener un tesoro bien preciado: el mármol rojo intenso del jamón ibérico de bellota.

“Piaras de cochinos gordos pacen en la Dehesa vieja portan varas recios mozos vestidos como un pincel y protege sus cabezas el Sombrero Calañés”

¿Sabías que...?

Federico, uno de nuestros porqueros, sabía cuándo los cochinos habían comido un determinado tipo de hierba por la suavidad y el brillo de su pelo.

Los cerdos, en nuestra dehesa, solían bucear hasta el lecho de la ribera para alimentarse de un tipo de almejón que allí se daba a principios del siglo XX.

Durante los años 40 la labor del porquero era de vital importancia, ya que las parcelas carecían de vallado. Su orgullo era presumir de piara, acostumbrarlos a la voz de su llamada y acertar bajo la romana las libras y arrobas que pesaban.

Los días de la matanza eran muy esperados en el pueblo. Las chacineras cantaban canciones populares no escritas y los niños eran los encargados de vigilar que los perros no se acercasen a los cerdos una vez sacrificados.

Los nacimientos de los lechones se hacían en libertad y, cuando volvían acompañados por su madre, eran resguardados en zahúrdas para protegerlos de los depredadores.

Bartolo, uno de nuestros porqueros, sabía imitar el chasquido de las cáscaras de los almejones de los que se alimentaban los cerdos.

La alimentación de los cerdos ibéricos puros se basaba en altramuces endulzados, zomillos y almejones.